Quisiera saber que te mueve, por qué actúas como si el mundo te odiara, como si todos fuéramos culpables de tu destino.
Tan fría e implacable, los años te juegan el último partido de ajedrez y casi estas perdiendo.. tienes algo lindo para decir? algo para que recordarte que no sean malos momentos?.. la verdad necesitamos la verdad.
Es increíble e inexplicable la magia de la causalidad, cómo vuelves a tus orígenes, sin quererlo obviamente.. La heredera, la única prueba real de esa pasión, vela por vos… nombre y ojos se corresponden, ¿no sientes culpa al llamarla, al mirarla?.
Callas y miras como si tuviéramos que hacerte un monumento por algo que cualquier madre haría, pero nadie.. nadie esconde mejor los secretos que vos. Sólo tu conciencia sabe qué es lo que sucedió en ese tiempo, por qué todo terminó así.. Y actúas como si lo único que importara sos vos, teniendo a tu tesoro más preciado pidiéndote a gritos la verdad, un poco de cariño, un poco de realidad..
La heredera, quiera o no, cargará con las mismas culpas. Su apariencia, su nombre, ese revés del destino, la empujan hacia a ello.. hacia ese abismo. Tiembla del solo pensar en terminar el ocaso de su vida así, tiene tanto o más miedo a amar desde que se dio cuenta que paga por esa vida, el camino de mentiras. Cae en el miedo y la desilusión una veintena de veces, que conoce cada vez mejor la manera de levantarse.. tal vez algo que nunca aprendiste.
“qué importa ya todo eso” se dice la heredera cuando ella le roba una lágrima, se calza las zapatillas, comienza un nuevo día.. y a la noche piensa “qué seria de mi sin ella..” como deseando que la oscuridad nocturna se la lleve y pudiera aliviar su pesar diario. Quiere conocer el amor, pero ella ya entiende que eso es algo casi imposible, irrealizable. “Alguien tiene que cargar con esas culpas.. mejor que sea yo” condenándose sola al martirio de la soledad..
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