domingo, 12 de febrero de 2012

Lago en el Cielo


Entrelazó sus dedos en su pelo y lo acomodó en su hombro, mirándolo de reojo.. una mirada profunda y llena de misterio entre los dos. La lluvia comenzaba a caer en la ciudad, mientras ellos caminaban en sentidos opuestos y se cruzaron en esa esquina.
El vio ese gesto, esa mirada y olvidó qué hacía en ese lugar, perdió noción del todo en esa mujer. Ella conciente de su poder lanzó una risa cómplice y junto con una guiñada de ojo se dispuso a seguir caminando..
Quedó helado.. vio como aquella mujer misteriosa y tan bella se alejaba de su camino y se perdía entre la gente, creyendo que fue una fantasía volvió a la realidad. A su lado estaba su pareja, hablándole de nada y a la vez de todo, mientras él se perdió en esa mujer misteriosa.
Ella caminaba sola, había ido a comprar unos libros y se distrajo en los negocios cuando lo vio.. tan bello y perfecto a su vez, pero al mirarlo bien se dio cuenta que estaba acompañado y decidió irse, como huyendo de una situación familiar.
Esa noche ambos pensaron en el otro.. ella sola en su casa y él durmiendo con su pareja que estaba tan ajena a semejante encuentro.
En los sueños se encontraron, se amaron allí, como si fuese una historia ya vivida. Intentaron buscarle una explicación a ese sueño, a ese encuentro.. él ya no podía mirar a su pareja sin la culpa de ese sentir por aquella misteriosa mujer. Ella, simplemente se reía de las sincronías.
Pasaron de nuevo por ese lugar, con la esperanza de encontrarse.. pero se fueron vacíos, no coincidían en la hora, en los días.
Hasta que después de un tiempo, unos meses quizás, se volvieron a encontrar; Apenas él cruzó el umbral de la entrada del café, sus miradas se encontraron otra vez y la misma complicidad se volvió a vivir.
Él se sentó en una mesa, solo.. con el diario y su café mientras ella estaba con su pareja, compartiendo un momento.
En un instante ella se levantó, fue al baño y al volvió a la mesa. Pidieron la cuenta y se fueron.
Él la miró con tanto amor yéndose de la mano con aquel.. que no oía lo que le decía el mozo.
-          Señor, señor.. la joven de la mesa me pidió que le dejara este recado.
En una servilleta había escrito : “  ‘Vamos despacio, para encontrarnos. El tiempo es arena en mis manos.’ (Lago en el Cielo – Cerati) ”.

Pagó la cuenta y se marchó.. con la sensación de que a ella le pasaba lo mismo.
Esa noche volvieron a amarse entre sueños.

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