Entrelazó sus dedos en su pelo y lo acomodó en su hombro,
mirándolo de reojo.. una mirada profunda y llena de misterio entre los dos. La
lluvia comenzaba a caer en la ciudad, mientras ellos caminaban en sentidos
opuestos y se cruzaron en esa esquina.
El vio ese gesto, esa mirada y olvidó qué hacía en ese
lugar, perdió noción del todo en esa mujer. Ella conciente de su poder lanzó
una risa cómplice y junto con una guiñada de ojo se dispuso a seguir
caminando..
Quedó helado.. vio como aquella mujer misteriosa y tan bella
se alejaba de su camino y se perdía entre la gente, creyendo que fue una
fantasía volvió a la realidad. A su lado estaba su pareja, hablándole de nada y
a la vez de todo, mientras él se perdió en esa mujer misteriosa.
Ella caminaba sola, había ido a comprar unos libros y se
distrajo en los negocios cuando lo vio.. tan bello y perfecto a su vez, pero al
mirarlo bien se dio cuenta que estaba acompañado y decidió irse, como huyendo
de una situación familiar.
Esa noche ambos pensaron en el otro.. ella sola en su casa y
él durmiendo con su pareja que estaba tan ajena a semejante encuentro.
En los sueños se encontraron, se amaron allí, como si fuese
una historia ya vivida. Intentaron buscarle una explicación a ese sueño, a ese
encuentro.. él ya no podía mirar a su pareja sin la culpa de ese sentir por
aquella misteriosa mujer. Ella, simplemente se reía de las sincronías.
Pasaron de nuevo por ese lugar, con la esperanza de
encontrarse.. pero se fueron vacíos, no coincidían en la hora, en los días.
Hasta que después de un tiempo, unos meses quizás, se
volvieron a encontrar; Apenas él cruzó el umbral de la entrada del café, sus
miradas se encontraron otra vez y la misma complicidad se volvió a vivir.
Él se sentó en una mesa, solo.. con el diario y su café
mientras ella estaba con su pareja, compartiendo un momento.
En un instante ella se levantó, fue al baño y al volvió a la
mesa. Pidieron la cuenta y se fueron.
Él la miró con tanto amor yéndose de la mano con aquel.. que
no oía lo que le decía el mozo.
-
Señor, señor.. la joven de la mesa me pidió que
le dejara este recado.
En una servilleta había escrito : “ ‘Vamos
despacio, para encontrarnos. El tiempo es arena en mis manos.’ (Lago en el
Cielo – Cerati) ”.
Pagó la cuenta y se marchó.. con la sensación de que a ella
le pasaba lo mismo.
Esa noche volvieron a amarse entre sueños.
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