Después de la luna.. tocaba seguir viajando.
Un amor traspasado, aprendido.. vivido y dejado, fue la
lección de una Luna y sus estaciones. Tanto, tantísimo.. que parecía que nunca
saldría de allí.
Pero sin querer, sin buscarlo.. la Luna me dejó a mi o yo la
dejé a ella.
Y vagando por el universo, me encontré con las estrellas,
que tanto admiré desde lejos.. tan pequeñas y maravillosas se ven desde la
Tierra, que personalmente, pueden llegar a cegarte, con su luz y brillo particular.
Me quedé con ellas un tiempo, viviendo cosas tan lindas,
únicas. Me enseñaron formas de amar nunca antes vistas, fue como poner en
papel, todo lo que había aprendido en mi bella Luna.. que seguía observándome
desde lejos.
Pero un día, asi como si nada.. las estrellas comenzaron a
perder su brillo. Fue paulatino, de a poco y sin darme cuenta, una a una se fue
apagando. Intenté que se quedaran conmigo, iluminarlas con mi propia luz.. pero
nada bastó y me fui despidiendo de cada una de ellas.
Tanto amor vivido, tan corto tiempo con mis estrellas.. que
ahora debía sufrir sus apagones.. sus idas. Yo que siempre viví en la Luna, que
está desde siempre y para siempre, aprendí a llorarlas un tiempo y a dejarlas
ir.
El amor y su brillo
que segó al principio, parecía mantenerse por el tiempo.. pero de repente, te
encontraste con la soledad y el universo se volvió frío como aquel invierno.. .
Buscas respuestas, pocas, pero las buscas y no encuentras más que argumentos
que no tienen sentido, que no consuelan el dolor del corazón. Y miras a la
Luna, otra vez, y deseas volver. Pero no puedes. Ya no eres aquella que la
visitó por primera vez. Tu estancia te cambió Y NI ESO PUEDES CREER.- Dijo
Orión acercándose lentamente hacia mí.
Lo miré con un dejo de odio entre mis ojos llenos de
lágrimas, le pregunté quién era para darme tantas lecciones. Si se creía que,
por estar allí desde tanto tiempo, podía venir a hablarme. Pero su ternura me invadió.. había algo en él
que me parecía fabuloso y no encontraba respuesta.
Me apañó en esos momentos de locura, donde me quedaba
mirando a la Luna. Me extendió su mano y me brindó su apoyo para no dejarme
caer. De un momento a otro, yo estuve en
él y él en mi: nos volvimos uno. Uno los dos.
Dándole ese significado tan único al amor, el amor de los
cuerpos jugando a ser uno.. disfrutándose sin miedos, sin prejuicios.
Orión, bastante mas sabio que yo, me enseñó sobre libros que
no había conocido. La literatura era su pasión.. Me regaló un par de libros,
muchos que por ahí no se me hubiese
ocurrido ni siquiera ojear, pero que estaban en mi inconsciente colectivo.
La música, el café.. su casa, sus palabras.. era todo tan
soñado.
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