Comenzó a marearse en la rutina, los años parecían no venir solos. A pesar de que era joven, habia perdido la frescura de sus años. Se había puesto demasiado seria, casi nunca se reía. Las conversaciones y sus amistades siempre tornaban en lo mismo: éxitos, fracasos, cosas por hacer, metas que cumplir. Era siempre lo mismo, todos los días y en cada momento su mente vagaba por esas ideas.
Hasta que una noche se dispuso a salir como lo hacía cada fin de semana, a llenar su mente de nuevas personas, de las mismas.. Bailando al son de la música, vio una puerta que le llamaba la atención: era brillante y estaba hecha de un material que le resonaba.. era roble o algo similar. Miro para ver si alguno de quienes la acompañaba la miraba y se animaba a atravesar ese umbral... pero todos estaban dejándose llevar por la fuerza del alcohol.
Y ahí se encontró: sola, frente a una decisión.. ella que siempre estaba pidiendo consejos, quedaba ella y su curiosidad en este momento: "¿por qué no?" le dijo su voz interior y se animó a ver mas allá de esa puerta.
Era un pasillo lleno de cuadros, retratos de personas mayores que ella conocía.. estaba allí sus abuelos, sus padres,sus tíos.. retratos de su infancia.. no alcanzaba a ver quién los había pintado, producto de su falta de visión. Siguió caminando al final del pasillo la esperaba alguien que hacía mucho que no veía, le sorprendió que aún siguiera con vida: llevaba puesto un vestido largo, rosado y con flores, con puntillas en los hombros y su pelo cepillado (un crimen para sus rulos!), cancanes blancos y zapatos blancos.. allí su niña interna la estaba esperando para ir a jugar. Se reconoció en esa mirada llena de inocencia, ese rostro cansado de llorar por la soledad que sentía..
- "Vos también te fuiste y me dejaste acá.. como él lo hacía. Lloré y llore pero nadie me vino a buscar.. nadie ni siquiera vos.. te volviste uno de ellos"- Le reclamó la pequeña.
- "Es que crecí y me tuve que volver seria. Todos esperan algo de todos, y vos eras demasiado inocente, frágil y habladora para este mundo"- Le contestó.
- "No me importa, yo NO crecí y aún tengo sueños. Quiero ser azafata y viajar todos los días por un lugar distinto, quiero jugar con las historias que invento, esconderme abajo de la mesa cuando me obligan a comer, hacerme la dormida cuando me tengo que ir a bañar.. jugar con el agua de la bañadera.. decime, algo de eso sigo haciendo?"
(...)
"Te quedaste ahí.. llorando y te olvidaste de jugar, de imaginar.. tanto tiempo me encerraste para que no viera 'la tristeza del mundo' siendo que vos te volviste triste. Te haces daño intentando seguir un ritmo que no es el que llevas (...) no necesitas nada externo para soltar tu alegría, la llevamos dentro.. en el corazón. Vení, dame la mano y te voy a enseñar a recordar esa parte que habías olvidado"- Le dijo la niña mirándola con tanta alegría.
Comenzaron a caminar y de repente despertó en su cama, con la misma ropa que llevaba antes de salir de su casa. Amaneció y los pájaros comenzaron a cantar, se dio cuenta que hacía mucho que no se dejaba maravillar por esa melodía. Apagó su celular, olvidó lo pendiente y comenzó a jugar con las palabras otra vez. Ella volvió a escribir.
Lo maravilloso de esa mirada (la del niño que somos y olvidamos ser), no es que puede devastar todas nuestras estructuras en un parpadeo, lo maravilloso de esa mirada es que puede, con solo un parpadeo, ponernos de rodillas en el jardín, llenarnos las manos de tierra y volver a armar castillos de barro sin pensar en la ropa, en la hora, en los vecinos...
ResponderEliminarAmo leer sobre ella, amo que ella vuelva a escribir... siempre está detrás de esos anteojos, amo ver que de a poco comienzas a cederle el control nuevamente..!
Gracias hermana! gracias!